Creo que una de las cosas que más me da miedo es ya no tener nada de que hablar y volverme una lata. Es un pensamiento terrible que algunas veces me acompañaba, pero que en el día 25 me hace pensar seriamente sobre que voy a hacer cuando ya se me acaben todos los temas de conversación.

Creo que a veces olvido que puedo salir al mundo y encontrar mucho más de lo que sé o tengo y que puedo conocer y saber cosas más bacanes. Creo que a veces le pongo muchos “peros” a todo lo que pienso y tengo, lo cual me hace sentir muy responsable respecto de las cosas que me pasan. Por ejemplo: Me gustaría ir al pre-estreno de Star Wars, pero no sé cómo hacer eso; quiero aprender a grabar videos, pero no sé editar; quiero saber más de marketing digital, pero no he terminado mi carrera; pero pero pero pero pero.

Además esta permanente sensación de todo es prerequisito de todo yo sé que no es real.

En parte creo que el miedo de que un día ya no tenga nada que decir, no es más que el miedo que me da la sensación de ya no pueda ir más allá y el miedo a quedarme estancada en algo. Además de una cuota alta de pesimismo.

En estos 25 días me he preguntado que cosas me impulsan a hacer lo que hago todos los días en todos los aspectos de mi vida y quería compartirla con aquellos que estén leyendo esto: Todas las cosas que hago por mí se van a morir conmigo, pero las cosas que hago por los demás se van a quedar en el mundo para siempre. El verdadero motor de las cosas que hago no puede ser únicamente mi propia satisfacción, sino poder compartir con los demás.

Sinceramente ahora no creo que pueda ser de otra manera.

Besitos, V.

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